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Ángela una dama de blanco( I )

En el reloj del salón estaban dando las once, la puerta se abrió y por ella entró un hombre de unos 50 años vestido de negro y camisa blanca. 

- Me hizo llamar señor. Dijo con voz suave.

- Si Christian… adelante, dije con la mano para que se acercase, solo quería decirle que se puedes retirar a dormir, yo me quedaré hasta tarde.

- Bien señor, respondió mientras se daba la vuelta para retirarse.

- ¡Ah! Una cosa más, ¿y la señora?

- Señor, la señora está en los Ángeles, contesto dándose la vuelta ya en la puerta, en la reunión con los accionistas de la nueva empresa que va a dirigir.

- ¡Ah! es verdad, ya no me acordaba, bien Christian puede retirarse.

- Bien Señor, respondió abriendo la puerta del salón y cerrándola tras su salida.


¡Ah! Teresa, que buen don tiene para los negocios, bueno de hecho lo tiene para todo, pensé por un momento, y la verdad es que si lo tenía, era buena, muy buena para esas cosas.

Me dirigí a la ventana, estaba anocheciendo, y en la hacienda no se veía a nadie ya a esas horas, los sirvientes estaban recogidos en sus habitaciones. Estaba empezando a llover y las hojas de los árboles revoloteaban por el aire formado remolinos.

Esa escena me transporto a un sitio ya muy lejano en el tiempo, cuanto había pasado ya un siglo, era increíble ya tanto tiempo, y parece que hubiese sido ayer cuando todo comenzó.

Corría el año mil novecientos y pico, sería el.....  Bueno bastará con decir que era otoño, el viento arrastraba las hojas de los árboles y la gente intentaba refugiarse de el y de la lluvia que en esos momentos caía, yo observaba desde la ventana de mi apartamento que tenía en el centro de la ciudad, de pie y con una nota en la mano, la nota era una invitación a una fiesta a la que había sido invitado por uno de nuestros accionistas.

Yo por esa época me encargaba ya de los bienes que mis padres me habían dejado a su muerte. Estaba un poco reacio a ir, ese día no me había levantado con muchos ánimos y no tenía ganas de fiestas, pero no sé por que, pero lo cierto es que me di la vuelta y me dirigí a la habitación, me cambie de ropa y salí por la puerta en dirección a esa dichosa fiesta. Que impulso me hizo ir a ella, no lo sé, hoy todavía me lo pregunto muchas veces.

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